• La Formación docente

    Re Pensando los Espacios de Formación Docente


    Referente invitada: 

    Gabriela Duarte. Profesora En Formación de Formadores de la Universidad de Nacional de la Patagonia Austral. Especialista en Educación Alternativa

    Coordinación: 

    Marisa- Germán- Vanesa- Eva

    Registro: 



    Sistematización: 


    Ejes: ¿Qué formación y para qué? ¿Qué significa tener otras miradas sobre la formación docente?​, ¿Por qu​é la educación popular es clave para re pensar la formación docente? ¿Qué modelos tiende a reproducir y qué desafíos a modificarse? ¿Qué estilo de docente se promueve? ¿Qué significa forma​r a educadores populares y/o de qué manera se transforma la curiosidad espontánea en curiosidad epistemológica?

    De lo general a lo particular


    Concluimos, a partir de muchos cuestionamientos, que los espacios de formación docente terciarios o universitarios no ofrecen de ninguna manera, herramientas necesarias para que una vez terminado el trayecto, los nuevos docentes puedan elegir en base a lo que se conoce -nadie elige en base a lo que no conoce-. Elegir con razones consientes y razonadas, fundamentadas. Ante ese desconocimiento y carencia de opciones, la elección segura  termina siendo la reproducción de un sistema, de un método, de una transmisión de cultura represora. Porque carecemos de las herramientas que nos permitirán elegir. Desde una base compleja, los que trabajamos en espacios de formación docente, debemos revisar qué no están ofreciendo, y así, no estamos siendo honestos frente al abanico de posibilidades que un futuro docente puede llegar a elegir en su carrera profesional. Esta afirmación vino a partir de la confirmación de la falta de herramientas, la carencia de otras maneras de realizar la práctica de la enseñanza, y la reproducción de un sistema que invierte el deseo de aprender por el deseo de aprobar. Quizás, una de las lógicas más perversas de la educación institucionalizada, es la repetición de esquemas de examinación y calificación como mera medición. Mientras que en los institutos de formación docente y en las universidades, sigamos generando ese tipo de examinación y de esquemas de evaluación, lo que nos queda es el deseo de aprobar. “Yo tengo muchos deseos sobre determinados temas, pero me van a calificar por esto…”.

    Entonces, ¿qué hacemos desde la educación popular?

    Hay que trabajar Freire, como mandato determinado


    Se mencionó en el círculo, que el trabajo que se ha hecho con referentes de la educación popular en los terciarios, que estaban ahí presentes, habían sido trabajados hasta de manera forzosa. Se dice habitualmente: “hay que trabajar Freire”. “No se puede no trabajar Freire”, y esto se hace sin la profundidad necesaria. Se realiza en forma escasa, superficial y esquemática la lectura de textos sobre el marco teórico-metodológico de  la educación popular, de las teorías críticas u otras líneas de educaciones alternativas. “Cuando uno tiene un libro en las manos, cualquiera sea el autor, hay un trabajo atrás, del escritor, de buscar datos, de reescribir, de pulir, de editar que no siempre los lectores ponen en consideración”. Y sobre todo las escuelas, no enseñan de esa manera al leer un libro.

    Parece ser que los escritores tienen una noche feliz, se levantan y escriben. A partir de las preguntas que hacen los estudiantes que lo leen, hay cosas que no están escritas, pero que están presentes y que los que lo leen las hacen emerger. Al leerlo, el estudiante, el grupo, el educador-a, el autor ponen en resonancia sus historias, se deja de conocer una parte y se produce la apropiación del conocer. Discusión que llevó a  construir la afirmación, es que las opciones alternativas a la educación formal, las van conociendo por fuera de los espacios de formación formal, que no habilitan a las herramientas necesarias para  propiciar una buena elección en los futuros docentes.

    En cuanto a esto Nano Balbo, nos interpela y nos presenta a un Freire…


    “Freire decía, los hombres no somos, los hombres estamos siendo. Nosotros a veces somos lentos en estar siendo. Personalmente leyendo a Freire creo que fue un tipo que tuvo la gran capacidad de ser autocrítico, aun antes de que llegara el academicismo con las críticas. Se le pide una obra como si él fuera un pensador que se ponía a escribir por sí mismo. Freire estaba metido en el barro, metido en las acciones cotidianas, y él siempre decía, yo fui un fracasado. Decía yo siempre fracasé. Fracasé cuando quise escribir, porque después tuve que corregir. Fracasé cuando alfabeticé. ¡Por suerte fui un fracasado! Porque es de las prácticas fracasadas de donde nosotros sacamos aprendizajes. De las prácticas exitosas, nos vamos a repetir. Freire fue autocrítico de él mismo. Cuando él saca los dos primeros libros, él dice que la educación concientiza. Poco a andar dice, qué bestia que he sido, la educación no concientiza a nadie. Pero la educación abre las puertas a una práctica social distinta y esa práctica social es la que concientiza. Es la primera autocrítica fuerte que se hace Freire. Podemos encontrar un Freire que trabaja educación y comunicación. A mí me preocupa que cuando se habla de Freire se habla de Pedagogía del Oprimido y de La Educación como práctica de libertad, de sus libros más viejos, de sus primeros libros. Hay un segundo Freire que empieza a trabajar con educación y la cultura. Y un tercer Freire que trabajar con educación y hegemonía. Y en donde dice que educación es un espacio de disputa, y donde se disputa es hegemonía. Donde se negocian culturas, y en donde dice que todo proceso educativo es instituyente.  Creo que Freire está siendo vaciado del poderoso contenido político que tuvo para hacerlo digerible. Y por eso se ocupan todos de los primeros libros y no de los últimos. En donde él va hacer un planteo mucho más radical y mucho más sustantivo sobre lo que es la educación. Pero también es un planteo incómodo para nosotros los docentes. Porque nos interpela fuertemente, porque nos llama a desapoltronarnos y llama a poner en primer plano a la pedagogía. Vivimos, como dice un ex ministro de educación venezolano, un apagón pedagógico, donde la pedagogía para muchos funcionarios parece que no se inventó. Si yo entrego la pedagogía, habré dejado de ser docente, porque  la pedagogía es el saber que me permite a mí ser docente. Es el que me permite construir una identidad, es el que me permite darle sentido a mi práctica. Entonces hoy hay un Freire medio Light. Yo quiero recuperar al Freire último, al conflictivo que se cuestionó a sí mismo, el que terminó diciendo que acá está todo por hacerse”1.

    Dónde nos educaron…


    Otra línea de discusión que fue bastante reiterada en el círculo, fue el origen de la educación institucionalizada en Argentina y cómo ese mandato originario nos termina condicionando en el futuro en nuestro accionar. Se planteó que si volvemos un poco atrás, el origen de la educación institucionalizada en Argentina respondía a la necesidad de homogeneizar, de igualar, de tapar las diferencias, lo más que se pudiera. Por tanto, una de las exigencias del presente, es hacer un camino inverso, que en principio implica un doble trabajo: primero, reconocer ese mandato, analizarlo, sacárselo de encima y segundo, volver a construir un camino diferente. Tarea que no es tan simple ya que son procesos complejos de dominación. A pesar de que una normativa del presente, como la Ley Nacional de Educación exprese y determine que hay que hacer lugar a las diferencias, que hay que incorporar formas alternativas, que la educación intercultural bilingüe debe ser parte de los diseños curriculares, solo en algunos territorios. Esto no es suficiente. Porque las transformaciones, en una sociedad de clases, no son producto de un mandato normativo, ni de los gobiernos ni de lo otorgado, sino de lo conquistado por las clases sometidas.

    “Otro tema recurrente que me llamó la atención ha sido la demanda de la necesidad de capacitación. En un encuentro de educación popular que soliciten a la educación formal la procuración de capacitaciones. Por ello, no esperemos que la educación formal nos posibilite capacitaciones en esta línea porque no es lo que se espera de la educación y de su lugar hegemónico”2


    El lugar del deseo


    Durante el debate, surgió un tema bastante interesante que tiene que ver con el deseo como generador de movimiento y la carencia de ese deseo como aparato de dominación. En cuanto a este tema aporto una posible línea de análisis en la que propongo como herramienta fundamental en los espacios de formación docente o agrupaciones que se dedican a trabajar en o para la educación, que profundicen en los deseos que movilizan a cada uno para ser formadores a partir del retorno sobre sí mismos, para entender y tener en cuenta los valores o las insuficiencias de esos deseos.  No estuve en ese grupo pero tengo una diferencia: no es que no hay deseos, habría que ver a donde están dirigidos esos deseos y ese análisis nos competen a cada uno como educadores. Este acto de sinceridad es fundamental para la educación: porqué deseas formar? qué quiere hacer? formar, instruir, tener poder? ser importante y ser amado también es un deseo. Entonces habría que hurgar cuál es el deseo que nos está a nosotros movilizando frente a la tarea docente y no pensar que las escuelas o las instituciones nos aplastan el deseo o que lo controlan.  Y para sumar  un poco de complejidad a la tarea docente sumar qué desea el otro, qué deseo tiene el otro de aprender.”3

    “Otra protagonista de este grupo ha sido la institución, como si fuera algo que no tenemos nada que ver con la institución. La institución considerada como algo que nosotros de alguna manera materializamos y damos vida. Sin embargo cuando leía los informes, decía que la institución mata el deseo, nos aplasta, nos limita, nos condiciona. Quizás tenemos que pensar, ya que somos nosotros mismos los que vamos a decodificar ese conjunto de reglas que regula la institución, que me condiciono, que me aplasto, me limito y pierdo mi deseo. Es hacernos cargo de lo que nos corresponde”. 4

    Y ahora qué?


    Finalizando el debate del círculo, se hicieron una serie de propuestas para seguir pensando aspectos que nos pueden ayudar a trabajar y a pensar la educación popular en la Formación Docente. Surgieron cuestiones para analizar, cuestionar y descartar de aquellos mandatos parentales provenientes del origen de la escolaridad. Se propuso mantener encuentros de intercambio de reflexión de manera más sistemática, aunque no sea de carácter formal y el poder agruparnos de manera más pequeña. Se vio como necesario el generar discusiones, preocupaciones y acompañarnos en el sufrimiento. Propuestas para que no nos sintamos tan solos. Reconocer a la educación y a la educación popular como una propuesta ideológica, política y emancipatoria. “Asumir que la educación nunca es neutral aunque, yo no me haga cargo de que estoy transmitiendo algún tipo de ideología con mis acciones, lo estoy transmitiendo y lo más sincero es decirlo antes. Tratar de nunca hacer los cambios solos, no se puede, hay que formar un colectivo de trabajo. Observar y sistematizar como lo han hecho grandes maestros en Argentina y en Latinoamérica: Gesualdo, Iglesias, Freire, Cossettini, que nos han dejado legados para que nosotros podamos hoy trabajar sobre sus experiencias. Y tener en cuenta que el acceso al conocimiento, para la educación popular, tiene un camino que está relacionado con la construcción de conocimiento, y ahí la investigación tiene un lugar prioritario que no podemos escapar”5.

    Referencias

    1 Orlando Nano Balbo en Escuela Normal Superior Mariano Acosta, Noviembre 2016.
    2 Gabriela Duarte, en Sistematización de los Círculos de Reflexión en el ENDYEP. junio 2016
    3 Idem
    4 Idem
    5 Idem

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