• Lo contrahegemónico

    Entre lo alternativo y lo contrahegemónico - Estado y Movimientos Sociales.


    Referentes invitados: 

    Claudia Korol. Referente feminista, fundadora del Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía.
    José Luis Callegari. Defensor de los derechos humanos. Referente del Centro de Participación Popular Enrique Angelelli de Florencio Varela.


    Registro:


    Coordinación: 

    Julia Chávez


    Sistematización:

    Ejes: ¿En qué medida la educación popular es una alternativa de inclusión al sistema educativo vigente? ¿Cómo la educación popular se traduce en prácticas colectivas transformadoras que contribuyen a formar procesos contrahegemónicos? ¿Las prácticas organizativas de los movimientos sociales, son base de la Educación Popular? ¿Son los movimientos sociales lugares de producción de sentido en la construcción de poder? ¿La legitimación de los diferentes espacios educativos, es una condición para la democratización de la educación?


    “El tema que teníamos era entre lo alternativo y lo contrahegemónico, Estado y Movimientos Sociales, o sea nos metimos de lleno desde el título a los diálogos que tienen que ver con las oportunidades y dificultades que tiene la educación popular en el contexto de la educación pública. Fue al primer tema que le entramos, a  las políticas de estado. ¿Qué entendemos por Estado? ¿Cómo nos relacionamos en ese diálogo? y es difícil de sintetizar, porque hubo muchas opiniones diversas en el grupo. Además que se dio cuenta de los esfuerzos que están haciendo compañeros y compañeras que son parte del diseño de estas políticas públicas para abrir procesos de democratización de las políticas educativas. Pero también, las dificultades que se generan, porque sabemos que las políticas educativas excluyen, precarizan, reproducen la dominación en general.. Y al mismo tiempo generan espacios de disputa.”1

    Los movimientos sociales en movimiento


    “Entonces, cómo interactuar con esos escenarios, era un poco el debate y el diálogo que tenemos desde los movimientos, desde las organizaciones populares. Y también nos planteamos, en particular algunos compañeros que están en la función pública, tener la claridad en la relación entre estado y gobiernos. Y cómo en ese conflicto hay cambios de gobierno, que incluso amenazan las políticas públicas creadas, entonces depositar toda la energía y la confianza en las políticas estatales también tiene que ser visto críticamente bajo esas condiciones concretas. Entonces yo creo que parte de los diálogos transcurrieron por, ¿cuáles son las disputas que queremos dar en el espacio de lo público y cuáles no?”2

    “Un ejemplo clave en nuestras prácticas es cómo pensamos la relación del estado con sus políticas. Muchas veces somos muy críticos, muy fuertes en las acciones. Pero hacia adentro, construimos  lógicas verticales, homogéneas y de obediencia. Por un lado reivindicamos las historias, las figuras y los procesos políticos más desobedientes. Para afuera somos muy desobedientes, pero para adentro pretendemos que la gente, nuestros compañero y compañeras, funcionen como profundos obedientes. Hay procesos verticales, homogéneos, sin discusión, donde el modelo organizativo está constituido por un grupo que tiene la claridad de la síntesis permanente, entonces el resto tiene que esperar que se los ilumine y eso no es educación popular. Esto atenta claramente contra procesos liberadores. Ahí hay que revisar qué nos está pasando, porque en realidad venimos construyendo procesos políticos que a veces parecen prácticas religiosas.”3

    “Hay para mí una dimensión ética de la política. Comparto con Alfredo Grande cuando decía que no se trata de moral sino de un problema ético. La verdad es que la ética en la política no es una cosa menor. Una práctica política sin ética la verdad que se parece bastante a un montón de cosas, pero no a la política. Dejó de ser una ética política para ser algo más parecido a lo que criticamos. Entonces cuando la gente no diferencia demasiado nos preguntamos qué le pasa a la gente que no diferencia, y la verdad es que no somos tan distintos a veces de lo que decimo cuestionar.”4

    “Como explicaba Alfredo, una cultura represora que también muchos de nosotros aquí presentes tenemos y que somos parte de una clase media que también es educada en la culpa, en la idea que venimos a la militancia para ayudar a los pobres, de ayudarlos a salir de ese lugar y nos sentimos con el derecho de ir a la villa, a los barrios más pobres y ahí construimos. Está bien, pero las y los pobres han sobrevivido sin nosotros. No esperan que lleguemos nosotros para decirles cómo sobrevivir, cómo organizarse, cómo bancarse la diaria. Entonces ahí repensar nuestras prácticas es repensarnos a nosotros y nosotras  de cómo llegamos a los lugares y como pensamos esa relación. Cuánto de lo nuestro que es macanudo, que es un esfuerzo, que es compromiso, cuánto no ayuda y cuánto obtura a construir los procesos que decimos en términos teóricos. En términos teóricos nuestras consignas son las adecuadas, nuestros sueños están muy buenos, el tema es revisarnos en nuestra práctica diaria y cotidiana que está cruzada por  la educación que tuvimos en la escuela formal, en la familia. Nadie cambia porque se levantó a la mañana y decidió que su vida cambia. Es un permanente proceso de cambio. Entonces me parece que cuando pensamos la formación en nombre de la educación liberadora hacemos tremendas bajadas de línea. A veces las prácticas políticas obturan todas las posibilidades de pensarnos como personas que nos pasan cosas. A veces en las organizaciones aparece esto de la culpa: si no voy a la actividad, me siento culpable. La verdad, es que la culpa no nos ayuda a repensar la práctica política. Me parece que la obligación de imaginarnos un modelo militante tampoco. Los tiempos fueron cambiando, fueron variando. Las nuevas generaciones tienen otras miradas. Empezar a entender que esos modos de militar, de pensar de los varones y mujeres, por lo menos debemos mirarlos con atención. No creernos que tenemos las verdades reveladas, no creer que el que hace cosas distintas traiciona”5

    “También estamos viendo las divisiones que plantea el patriarcado, del colonialismo, y que necesitamos asumir al mismo tiempo las distintas dimensiones emancipatorias dentro de los proyectos políticos populares. También tiene que ver con el tipo de interpelación que tenemos las organizaciones. Qué tipo de organizaciones somos y creamos?, y cómo aportamos desde la educación popular? ¿Podemos generar desobediencia hacia el afuera y disciplinamiento y obediencia hacia adentro como único formato organizativo? También mirarnos dentro de las organizaciones populares y que la educación popular  nos interpele en esos sentidos.”6

    Educación Popular y contrahegemonía


    “Uno de los debates centrales fue esta opción básica que planteó Paulo Freire cuando dijo, pedagogía de los oprimidos y oprimidas, no para los oprimidos y oprimidas. Y eso pone el lugar en el sujeto, en el sujeto/pueblo organizado. En los movimientos sociales, en los procesos político-pedagógicos. En la idea de "educar para", es lo que motiva muchas de las políticas públicas inclusivas.” 7

    “La sensación que me dio, es que la educación popular sólo aparece ligada a los procesos educativos, de incidir en lo formal o de pensar alternativas como pueden ser los bachilleratos. En eso creo que la educación popular nos tiene que animar, interpelar, poner en diálogo, en tensión en nuestras prácticas políticas concretas y cotidianas. No es sólo ver cómo incidimos en la educación formal o crear alternativas distintas, sino de poner en ese lugar a la educación popular. Me parece que cuando uno mira y analiza las propias organizaciones en las que militamos, deberíamos preguntarnos cosas críticamente. Porque si no, no se explica por qué nos va como nos va, a veces en términos de país, si hacemos cosas maravillosas y todo bien. Porque si uno revisa sus prácticas, parece como si tuviéramos todo claro, todo perfecto. Llenos de definiciones y de consignas, de luchas muy claras.”8

    “Un debate fuerte fue el del reconocimiento, la acreditación. Hay que ver qué significa el reconocimiento por parte del Estado, qué es lo que queremos que reconozcan y qué no nos interesa. Estos son debates concretos que tenemos que realizar. Veía a algunos compañeros que fueron pioneros en las experiencias de educación popular y que abrieron el camino, no sólo como alumnos de Freire, sino como maestros y maestras de nuestras generaciones. Ese es un reconocimiento que queremos dar entre nosotros y nosotras, que tenemos que hacer. Y también es un reconocimiento a las organizaciones como creadoras colectivas de conocimientos y prácticas políticas y pedagógicas.  Hay una memoria de nuestro caminar en América Latina y en Argentina de la educación popular que nos interesa como reconocimiento.”9

    “No es el único reconocimiento que podemos aspirar ni siquiera es el principal, que el Estado diga si las experiencias en las que estamos involucradas son experiencias que tienen sentido o valor. Otra cosa es que exijamos como parte de la democratización de la educación pública, el derecho a que nuestras experiencias tengan un sentido y un lugar en las políticas públicas. Pero eso es otra cosa. Es una lucha concreta sobre la democratización de las políticas públicas educativas y por la valoración de las distintas experiencias que se pueden ir realizando en ese marco. Y también mirado con desconfianza, porque el mismo Estado que excluye, en muchos casos, hace políticas de inclusión que van a estar precarizadas, sin financiamiento, sin los elementos básicos para desarrollar la experiencia. Entonces ver que muchas veces la inclusión tiene el riesgo de la cooptación, de la integración, tiene las dificultades de la precarización, y tiene la dificultad concreta de cómo nos incluimos sin perder la dirección emancipatoria del proyecto político pedagógico de la educación popular.”10

    “Creo que la educación popular nos pone en un lugar de revisión. Podemos hacer marchas maravillosas, llena de colores, con gente que está convencida, otras no tan convencidas o de diferentes modos. En esa etapa de la imagen en la que estamos, esa marcha maravillosa sabemos muchas veces que tiene después poco de realidad transformadora. Ahí habría que preguntarse y preguntarnos si se pueden construir relaciones de dominación interna en nombre de procesos liberadores.”11

    Educación alternativa y popular en toda nuestra vida


    “En ese sentido una de las cuestiones que hablábamos era que la educación popular que nació con críticas a la educación bancaria y nació con críticas a la escuela tal como era y a las políticas de exclusión de la escuela, tiene muchas formas de realizarse. Que no son sólo las que están fuera de los espacios escolares. No son sólo los bachilleratos populares. Hay muchísimas escuelas que necesitamos reconocer, nosotros en primer lugar, de trabajo de los movimientos populares, de formación política, de laburo con pibas y pibes, de trabajo con mujeres, de experiencias de salud comunitaria, de alfabetización. Múltiples experiencias que no necesariamente hoy pasan por la escuela, que no necesariamente pasan por la forma de bachilleratos y no quieren pasar por el reconocimiento del Estado. Porque hacen a  la autonomía y a la organización de los movimientos populares. Y justamente plantean al mismo tiempo, claridad de que hay una división en clases, que hay una posición de las trabajadoras y trabajadores frente a las políticas de un sistema capitalista burgués.”12

    “También pensar el diálogo entre educadoras y educadores populares de las organizaciones y educadoras y educadores docentes de las instituciones en muchos temas que hoy son necesarios plantearnos. Porque la escuela tiene un lugar posible en una serie de tareas y desafíos del movimiento popular por la legitimidad, que tienen en determinados sectores la lucha contra la violencia hacia las mujeres,  en la lucha contra la violencia institucional, en la lucha por la soberanía alimentaria, en la lucha por el buen vivir. Puede y debe haber diálogo entre las escuelas y las educadoras y educadores que estamos ligados a los movimientos, porque son posibles lugares de diálogo y creación conjunta constructiva de articulación y creación de redes solidarias.”13

    “Hay necesidad de no banalizar los procesos pedagógicos en término de lo que necesitamos. Formarnos para poder llevarlos adelante. Es decir, necesitamos saber cuáles son los espacios de formación de los educadores y educadoras populares. Cuáles son los espacios de formación de los docentes, desde la perspectiva de la educación popular. No es que todas y todos no sentamos e interactuamos, porque si hay diálogos de saberes, pero la pedagogía política también es un saber que necesitamos construir colectivamente. Crearlo colectivamente. Y en ese sentido, nos preguntamos, qué hacemos con los conocimientos que crean los movimientos, cómo se sistematizan, de qué manera son parte real de la teoría política de los movimientos populares. O a la hora de la teoría, de qué manera son tomadas por otros espacios o en otras instancias. Entonces, el diálogo de saberes lo veíamos como una de las partes fundamentales, y lo relacionamos con un desafío político de este momento. Qué es el diálogo entre las organizaciones para crear una unidad política del movimiento popular para enfrentar este momento político. No puede ser que estemos hablando de educación popular, pedagogía del diálogo y que después estemos cada uno en su quinta en su espacio político. Entonces, ese también es un aporte, que desde la educación popular, podemos hacer con la pedagogía del diálogo. El encuentro, el intercambio y la integración colectiva de saberes.”14

    “La herramienta de la educación popular es maravillosa, que no es un problema de consignas sino de prácticas concretas. Y nosotros a veces decimos medio en chiste que nos sentimos como si fuera una droga, la pude dejar pero siempre estás al límite de caer. Nos formaron en una sociedad machista, patriarcal y nos cuesta un montón, gran parte de lo que identificamos nos cuesta llevarlo a la práctica. Lo que digo lo digo en un proceso de autocrítica permanente, que como colectivo no pudimos encontrar la forma maravillosa todavía, que estamos en búsqueda. Pero lo que sí tenemos en claro es no creemos que las decisiones son de arriba para abajo. Creemos que solamente un pozo se hace de arriba para abajo y que si no pensamos el de abajo ahora, arriba lo más probable que tengamos, el nivel de frustración y fragmentación que tenemos a donde finalmente armamos diez mil grupos, todos contentos con la verdad revelada, sin preguntarnos cuánto repetimos lo hegemónico y cuando vamos a instancias electorales lo único que podemos decir la culpa es de los pueblos porque a nosotros nos costó pensar otras cosas.”15

    Referencias

    1 Claudia Korol en Sistematización de los Círculos de Reflexión en el ENDYEP. junio 2016
    2 Idem
    3 José Luis Callegari en Sistematización de los Círculos de Reflexión en el ENDYEP. junio 2016
    4 Idem
    5 José Luis Callegari
    6 Claudia Korol
    7 Claudia Korol
    8 José Luis Callegari
    9 Claudia Korol
    10 Idem
    11 José Luis Callegari
    12 Claudia Korol
    13 Claudia Korol
    14 Idem
    15 José Luis Callegari
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