• Dr. Alfredo Grande. Reseña.


    Alfredo Grande es psicoanalista y médico psiquiatra, fundador y presidente de la cooperativa de salud Atico y un consecuente colaborador de la Agencia Pelota de trapo (portal periodístico del Movimiento Chicos del Pueblo), en cuyos artículos desentraña los cruces entre política y psicoanálisis, y los efectos concretos en lo real de lo que denomina “el alucinatorio social”.

    Activista de las luchas por los derechos humanos, docente universitario y conductor del programa de radio Sueños posibles, Alfredo Grande es autor de diversos libros y de numerosos artículos de divulgación científica, es Profesor Titular de Teoría Psicoanalítica en la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Profesor Adjunto de Psicoanálisis Implicado en la Faculta de Psicología de La Plata. Profesor Titular de Dinámica de Grupos en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas de Zamora y miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría.

    ATICO es una cooperativa de trabajo en salud mental fundada el 1 de mayo de 1986. “Crear un dispositivo de autogestión en la primavera alfonsinista estaba condenado a destruirse. Pero con el tiempo se sumaron colegas, jóvenes, muchas personas comprometidas”, recordó Grande. El cooperativismo tiene su fundante en la lógica de la cooperación. "En la cultura represora, la lógica hegemónica es la rivalidad encubierta como sana competencia. En el ámbito estatal la rivalidad son los concursos más o menos digitados; la designaciones a dedo, habitualmente dedos de los pies. En la medicina y psicología privada es más de lo mismo y a veces, peor. La cooperativa de trabajo es una decisión teórica, política e ideológica de la que no daremos ni un paso atrás. La idea de un colectivo social, tiene que ver no sólo con un número de personas y una continuidad, sino con una estrategia de poder que pueda romper la fuente”, definió.

    "La relación entre salud mental y aprendizaje encubre la  misma potencialidad con diferentes dispositivos. El aprendizaje cura y cuando nos curamos, aprendemos. Yo hace años que incluyo la explicitación de conceptos que permitan pensar. Enfermedad es la incapacidad subjetiva de dialectizar el conflicto. El conflicto es inmanente. La enfermedad no. Desde ya, el abordaje represor del conflicto lo transforma en enfermedad. Por eso dije alguna vez que la psicosis es la captura psiquiátrica de la locura.  La cultura represora es como una piedra filosofal al revés. Transforma el oro en basura. El delirio de patologizar tiene su correlato en el lucro de la medicalización de la vida.

    Por otro lado, si la sociedad no nos enfermara ¿Por qué habríamos de trabajar por la salud? La sociedad  a la que denominamos cultura represora nos enferma desde “afuera” y desde “adentro”. El afuera de las masas artificiales y el adentro superyoico. Perforando los determinantes tanáticos de nuestra subjetividad es que podremos liberar nuestros deseos, nuestros placeres, nuestras creatividades. No hay mejor antídoto que ese. Y lo tenemos aunque no sepamos todavía usarlo en su amplitud y potencialidad.

    Creo que una buena manera es el desafío de construir colectivos. Los colectivos son grupos con una estrategia de poder. El estado de sitio, que es la forma universal en la cual la cultura represora se saca la piel de cordero, impide agruparse. Y cuando no hay encuentro, tampoco habrá vínculo. Ni grupo. Y desde ya, ningún colectivo. El hombre y la mujer aislado enloquecen siempre y se psicotizan a veces. Un aforismo implicado dice: “hay miedo a la libertad pero no hay pánico a la esclavitud. Sonamos”. Hay que cultivar en forma colectiva el amor a la libertad."*


    * Extractos de notas periodísticas





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