• Profesor Orlando “Nano” Balbo. Reseña



    El Profesor Orlando “Nano” Balbo nació en el municipio de Pellegrini en la Provincia de Buenos Aires donde estudió para maestro. Discípulo de Paulo Freire, fue secuestrado el 24 de marzo del 76 por su militancia en el Peronismo de Base (PB). Perdió la audición a raíz de las torturas que sufrió pero sobrevivió a la cárcel de Rawson y se exilió en Roma, gracias a la intervención de monseñor Jaime de Nevares, fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

    A su vuelta al país en 1985, se instaló en Huncal, un paraje de la precordillera patagónica, donde se dedicó a la alfabetización en una comunidad mapuche. Desde entonces, participó en las luchas docentes de Neuquén. Trabajó en la Universidad Nacional de Comahue en el área de formación docente, fue Secretario General de  la Asociación de Trabajadores de la Educación del Neuquén (ATEN), y luego se integró a la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) provincial para desarrollar un programa de formación e investigación. Desde esas trincheras, supo discutir la Ley Federal de Educación sancionada en el año 1993 y vio como la policía provincial neuquina fusiló en la ruta al maestro Carlos Fuentealba en el año 2007.

    De su reencuentro y los diálogos apasionados con el escritor Guillermo Saccomano, surgió el libro “Un maestro. Una historia de lucha, una lección de vida”, que narra su trayectoria como educador y militante, publicado recientemente.

    Balbo ha sido el primer  declarante en los juicios a los represores del Centro Clandestino de Detención conocido como la "Escuelita de Neuquén", donde se juzgó a 24 genocidas, entre ellos  a Raúl Guglielminetti, que encabezara el operativo de su secuestro y fuera su torturador.

    Las conversaciones con Nano nos sitúan en la trama de una generación que la dictadura militar y sus cómplices intentaron diezmar, pero no lograron silenciar. Son una invitación a promover y participar en las discusiones que necesitamos profundizar en las instituciones educativas, en las organizaciones sociales y en las calles. Discusiones que proponemos inscribir en una genealogía de pensamientos y activismos, indispensable para resignificar nuestras prácticas educativas como prácticas políticas, y nuestras prácticas políticas como prácticas educativas.
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